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Crónica escolar
Leyenda del lago de Isoba

Leyenda del Lago de Isoba

 

Cuentan que hace muchos siglos llegaron a estos parajes unos santos en peregrinaje a Santiago por el Camino del Norte. Cansados y fatigados deciden buscar posada llamando de puerta en puerta, pero todo eran excusas y "vaya usted a otra casa".

Después de muchas negativas llegaron a la penúltima casa del pueblo que era la casa del cura. El cura, como es natural, accedió a cobijar a algunos de ellos pero no había en la casa ni comida ni sitio para todos, por lo que la otra mitad decidió probar suerte en la última casa que existía ya en las afueras del pueblo y, llamando a la puerta, piden posada por amor de Dios. Allí vivía una mujer a la que todo el pueblo la denominaba "la pecadora", pero que gustosamente cedió su casa a aquellos peregrinos.

Llegó la hora de cenar, y como la mujer nos les ofreciese nada, uno de ellos le dijo: ¿no tiene nada para darnos de cenar? No tengo nada en absoluto, Señor. ¿Con qué se sostiene usted? La interrogaron   - con la leche que me da una pequeña vaca que tengo en la cuadra-   bien, señora, necesitamos cenar esta noche, y por lo tanto matemos la vaca que usted tiene en la cuadra y prepárela para nosotros. Dios le dará el ciento por uno, se lo aseguro y prometo. Convencida de que aquel huésped era un ser extraordinario y se lo pagaría con creces, se determino a cumplir sus órdenes.

Al comenzar la cena, le dijeron a la pecadora: vaya usted recogiendo todos los huesos de su vaca en una canasta grande; mañana, antes de marchar, le diré lo que tiene que hacer con ellos. Hízolo así la mujer.

Después de cenar, dieron gracias a Dios y se acostaron cada uno por donde pudo.

Al otro día, muy temprano, se levantaron los peregrinos para ponerse en camino. Ya se disponían a marchar, cuando la pobre mujer, viendo la cosa mala, dijo: ¿Qué he de hacer con los huesos de mi vaca que me mandaron guardar anoche? -Arrójelos por el corral antes de que partamos.

Arrojados muy esparcidos conforme al mandato, dijo: ya están. Entonces, al ver la gran esperanza de aquella mujer, única en aquel pueblo que había con ellos ejercido obras de caridad, levantó los ojos al cielo y les dio la bendición, y en aquel mismo instante, de cada hueso surgió una hermosa vaca, quedando aquel corral convertido en una majada de abundante ganado; la mujer saltaba de gozo. Dio gracias a Nuestro Señor y salió corriendo a contar a la vecindad todo lo que había pasado. Los vecinos, envidiosos en extremo, comenzaron a llenarla de improperios; lejos de alegrarse con ella por el favor recibido, y no faltó quien quiso arrebatarle lo que era fruto del milagro de Jesús. La mujer, viéndose en tales aprietos, salió en busca de los peregrinos. Hallólos sentados en una colina no muy lejos del pueblo, y arrojándose a sus pies, se puso a contar, entre lagrimas y gemidos, lo que le pasaba con sus vecinos. Entonces uno de los santos levantándose un tanto airado, púsose de cara al pueblo, extiende su diestra y dice en tono solemne:

¡ Húndase Isoba, menos la casa del cura y la de la pecadora!

Inmediatamente las aguas inundaron el valle que acogía al pueblo, formándose así el lago de Isoba.

Lo que le ocurrió a aquella mujer pecadora es cuento para otro rato.

Un cordial saludo. Tú amigo, Juan Carlos 5/4/2011

 
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